Antología de Sociología Urbana: Crónicas del Valle de Laboyos y la Modernidad Líquida (Compendio).
TABLA DE CONTENIDO (COMPENDIO ACTUALIZADO):
PARTE I: MICRO-SOCIOLOGÍA Y VIDA COTIDIANA
1.La Cultura del Atropello (Caso Estacionamiento).
2.El Celular, Narciso y un Beso Falaz (Fenomenología del Sujeto Digital).
3.La Paranoia del Pito (Caso Mecánicos y Espacio Público).
PARTE II: DINÁMICAS TERRITORIALES Y RIESGO
4.Fenomenología Digital (Caso Bruja del Laboyos).
5."Cárcel o Cementerio": La Política de Seguridad Fallida en Pitalito.
6.La Bomba de Tiempo Silenciosa (Crisis Ambiental en el Macizo).
PARTE I: MICRO-SOCIOLOGÍA Y VIDA COTIDIANA
1.- Del capó rayado al 'usted no sabe quién soy yo': ¿Vivimos en la Cultura del Atropello?
Por: Felipe Narváez G.
Docente Universidad Surcolombiana
Introducción
Ayer dejé el coche mal estacionado frente a un garaje, a solo veinte metros de una estación de policía. El dueño de casa, en lugar de recurrir al agente que tenía al lado —una opción cívica y sencilla—, optó por escribir un letrero inmenso con marcador agresivo en el capó. Este pequeño incidente, trivial en apariencia, es un síntoma de una disfunción mayor: la normalización de lo que podríamos llamar la Cultura del Atropello. ¿Qué lleva a una persona a preferir la confrontación y la agresión física al diálogo, el insulto a la norma, y la intolerancia al respeto? La respuesta, me temo, se encuentra en una lógica cultural que ha permeado nuestra sociedad mucho más de lo que estamos dispuestos a admitir.
Génesis de una Narcocultura
Aunque un historiador erudito podría rastrear los orígenes de esta conducta hasta la violencia de la Conquista y la Colonia, para nuestro propósito basta con retroceder a la década de los ochenta. Fue entonces cuando las ciencias sociales comenzaron a analizar un nuevo ethos modelado por una élite económica surgida del narcotráfico. Bajo su lógica, todo —y todos— tenía un precio. La dignidad humana deja de ser un valor intrínseco; los rostros se convierten en una mercancía más, disponible para el consumo. Rincón (2009) ha denominado a este fenómeno "narcocultura": una matriz de valores donde la ostentación, la violencia como atajo y el desprecio por la legalidad se convirtieron en modelos aspiracionales. Un arquetipo que singulariza este contexto es la presencia de prostitutas —o "prepagos", en la jerga local— como acompañantes habituales, exhibidas no como personas, sino como trofeos que validan un estatus.
Esta cultura mafiosa, que puede parecer lejana y cinematográfica, es en realidad la expresión más descarnada de un modelo neoliberal extremo que ha permeado silenciosamente nuestra interacción cotidiana. Este escenario social particular crea las condiciones de posibilidad para que se exprese la Cultura del Atropello: la "paloterapia" como solución vecinal, el insulto como primera respuesta en el tráfico, la amenaza velada que envenena la convivencia o la bala "perdida" que nace de la intolerancia...
El Lenguaje como Herramienta de Exclusión
Este impulso violento se legitima a través de un lenguaje propio, una especie de orden terapéutico totalitario que se ha instalado en lo cotidiano. Como señala Valencia Rojas (2014), el lenguaje puede construir realidades autoritarias que justifican la eliminación del otro. Así, expresiones como "hay que hacer limpieza social", "hay que eliminar a esos parásitos" o un simple "no sea gonorrea" dejan de ser metáforas y se convierten en un manual de instrucciones para la acción. La violencia se disfraza de sanación; el atropello, de terapia de choque.
En esta lógica, el disenso es una enfermedad que debe ser erradicada. Fusaro (2019) argumenta que el orden neoliberal impone un "pensamiento único" donde no hay espacio para la discordia. El que piensa diferente no es un interlocutor, sino un obstáculo. Esta anulación del debate se extiende al totalitarismo de lo cotidiano: el discordante debe ser ignorado, agredido o eliminado. La imposibilidad del trámite cívico surge de la inexistencia del "otro" como sujeto. En su lugar, solo queda el objeto: la "prepago" como bien de consumo, el coche como una extensión sagrada de la propiedad, o el vecino como un potencial invasor...
La Fragilidad de la Dignidad en la Modernidad Líquida
"Nadie puede atropellar la dignidad sin envilecerse", escribe Gómá Lanzón (2019). La Cultura del Atropello invierte esta máxima. Su justificación implícita, inspirada en la "modernidad líquida" de Bauman (2003), es: "Puedo atropellar la dignidad del otro porque este no es un igual, sino una cosa fluida; hoy está, mañana no, y por lo tanto puede ser superado o sometido al instante". Es una lógica que se nutre de la arrogancia, de un estatus —real, relacional o imaginario— que se impone a través de la intimidación.
Así, la anécdota del coche mal estacionado deja de ser una simple molestia para convertirse en el reflejo de una sociedad que ha internalizado la agresión como lenguaje. Se ha vuelto una expresión cultural de valor social, encapsulada en frases como "yo no me dejo huevonear de nadie" o "a mí nadie me la monta". La lógica del narco —"plata o plomo"— se ha transfigurado en una versión cotidiana y aparentemente menor: el atropello, como una salida ciega y antidialógica. Vivimos con el temor latente a ese ejercicio momentáneo de poder, ejercido por un cualquiera sobre otro cualquiera. Y en el silencio de los que escapamos "bien librados", reside la complicidad que ha permitido que esta cultura se legitime, hasta convertirse en una acción social presente en millones de interacciones cotidianas en Colombia.
Referencias BibliográficasBauman, Z. (2003). Modernidad líquida (M. Mirans, Trad.). Fondo de Cultura Económica.- Fusaro, D. (2018). ¡Bienvenido, Marx!: El renacimiento de un pensamiento revolucionario. El Viejo Topo.
- Fusaro, D. (2019). Pensar diferente: Filosofía del disenso. Ediciones Fiel a la Razón.
- Gómá Lanzón, J. (2019). La imagen de tu vida. Galaxia Gutenberg.
- Rincón, O. (2009). Narcoestética y narcocultura en narcolombia. Revista de Estudios Sociales, (33), 12-23. https://doi.org/10.7440/res33.2009.01
- Valencia Rojas, J. A. (2014). Violencia, lenguaje y periodismo: reflexiones desde la sociología del lenguaje. Revista Colombiana de Sociología, 37(1), 133-156.
NOTA DE PREPRINT (VERSIÓN 1.0): El siguiente documento es un Borrador de Trabajo (Working Paper) en fase de desarrollo. Se publica en este repositorio para asegurar el registro de propiedad intelectual y la trazabilidad de la idea original (Timestamp). Su contenido es susceptible de revisiones, ampliaciones y correcciones futuras. Se prohíbe su cita como documento finalizado sin consultar al autor.
2.- El Celular, Narciso y un Beso Falaz
Por: Luis Felipe Narváez G. Sociólogo, Universidad del Valle (Colombia). Magíster en Marketing, Universidad Autónoma de Barcelona (España). Docente, Universidad Surcolombiana.
Resumen (Abstract)
Este ensayo aborda la reconfiguración del sujeto social en la posmodernidad a partir del uso del teléfono móvil, examinando la tensión entre la inmediatez algorítmica y la experiencia auténtica. A través de una entrevista etnográfica desestructurada de caso con un sujeto focal, el análisis se centra en cómo la cultura digital promueve la emergencia del Narciso y del Yo Consumo, fenómenos descritos por Lipovetsky y Bauman, respectivamente. La investigación contrasta el Homo Sapiens (contemplativo) con el Homo Attentionalis, un perfil hiperactivo y superficializado que sufre una involución cognitiva al sustituir el lenguaje complejo por símbolos y la reflexión por la respuesta inmediata. La narrativa culmina con la desilusión del encuentro presencial —el "beso falaz"—, que confirma el fracaso de la promesa virtual de la mercancía construida en el selfie y el algoritmo. Se concluye que la extensión biológica del celular diluye la pertenencia a la tribu y la posibilidad de la serendipia real, dejando al individuo en una ficción impulsada por el consumo y la validación inmediata.
Palabras clave: Narcisismo Digital, Homo Attentionalis, Inmediatez, Yo Consumo, Modernidad Líquida, Entrevista Etnográfica, Yo-céntrico.
Abstract
This essay addresses the reconfiguration of the social subject in postmodernity based on mobile phone use, examining the tension between algorithmic immediacy and authentic experience. Through an unstructured ethnographic case interview with a focal subject, the analysis focuses on how digital culture promotes the emergence of Narcissus and the Consumption Self (Yo Consumo), phenomena described by Lipovetsky and Bauman, respectively. The research contrasts the Homo Sapiens (contemplative) with the Homo Attentionalis, a hyperactive and superficial profile that undergoes cognitive involution by replacing complex language with symbols and reflection with immediate response. The narrative culminates in the disillusionment of the face-to-face encounter—the "fallacious kiss" (beso falaz)—which confirms the failure of the virtual promise of the commodity constructed in the selfie and the algorithm. It is concluded that the biological extension of the cell phone dilutes belonging to the tribe and the possibility of real serendipity, leaving the individual in a fiction driven by consumption and immediate validation.
Keywords: Digital Narcissism, Homo Attentionalis, Immediacy, Consumption Self, Liquid Modernity, Ethnographic Interview, Egocentric Self.
El Celular, Narciso y un Beso Falaz
El presente ensayo aborda la transformación del individuo en la sociedad posmoderna, examinando cómo la tecnología móvil y la cultura del consumo inmediato subvierten los mecanismos de la reflexión y la vinculación social. A través de una entrevista etnográfica desestructurada de caso, se analizan los efectos de esta inmediatez en la construcción del yo narcisista y su conflicto con la experiencia real, una dinámica que culmina en el desencanto de la promesa digital.
Esta semana, al cruzar el umbral de mi casa, encontré a un amigo absorto en su rutina digital, entretenido en conversaciones de WhatsApp con contactos de Tinder (plataforma popular para citas y encuentros). Se acerca a la rejilla:
— "Feli, ¿cómo le va?", me saluda.
— Usted de nuevo por la línea Tinder —le respondo.
— "Sí, esta es la buena vida de célibe que llevo" —con una sonrisita pícara, extiende su brazo, celular en mano, hacia mí y dice:
— "Oiga, mire las fotos que me mandó esta mujer, severos..., ¿sí o no?"
Respiro profundo y, por supuesto, mi vista experimenta una decepción ante esa imagen femenina vista como deseo; la calidad y la estética corporal de esa mujer, marcada como mercancía, para mi alegre vecino, eran lo virtual comunicado construido en la realidad inmediata. Pero mi amigo no se desprende del celular; sigue jugando con él hasta que, sin mirar para ningún lado, solo su pantalla, se pierde en los confines de la puerta de su casa.
En todos los espacios sociales, el individuo se posiciona y se instituye en el celular; este ya no es un mero accesorio de carga, sino una extensión "biológica" del cuerpo de la cual parece imposible desprenderse. En la noche y el día, lo llevan en uso a los espacios del aseo personal. El celular no se adecúa al cuerpo, es el cuerpo el que se debe acomodar al celular. Entonces, observamos individuos donde el dispositivo es más importante que el uso adecuado de la mano, tanto en el ámbito laboral como en la vida cotidiana. Tampoco parece importar que se juegue contra la integridad de mis sobrinos, hijos o amigos al conducir un automóvil vía a San Agustín o una motocicleta por la Avenida Pastrana Borrero; el celular debe tenerse en la mano como parte integral del Yo.
Al día siguiente, volví a ver a mi amigo. Estaba de excelente humor: viajaba a una ciudad remota para el reconocimiento presencial de esa mujer que, para su eros, debía ser "amada". Su percepción la concebía como culta y apasionada; estaba idealizada. Una semana después, el hombre apareció sobre la acera de la casa, pidiendo las llaves de la motocicleta. Lo miré detenidamente; tenía la cara de aburrido y expresaba dolor con cualquier movimiento muscular que hiciera.
— ¿Cómo le fue en el viaje? —le pregunté.
— "Estuvimos en Cartagena y luego Santa Marta."
— ¿Y cómo le fue con la chica Tinder? ¿Siguen adelante con la relación?
— "Es demasiado culta para mí," replicó. "Jamás me habían sometido a tantas exigencias… No, no funciona. Me despidí de ella con un beso falaz."
Luego, con un cambio de tono, añadió: "Extraño a esa mujer que conocí una noche caminando por la carrera Quinta con Calle Séptima, entrando al Bar Los Corceles, y sin más, en su mirada, supe que era la precisa. Pero usted sabe, Feli, que ella se fue y no volverá" —respondió. Una reminiscencia extrañada de una historia pasada construida en la experiencia vivida; tuvo la oportunidad de ser, en la casualidad (ese momento de serendipia vivida), no mediada ni manipulada por el aparato digital y su algoritmo. Su mirada, puesta y perdida en el bosque que nos acompañaba, hacía indudable que el bosque con sus árboles era el único objeto real que existía en medio del diálogo.
En última instancia, el "beso falaz" se revela como la confirmación de que la mercancía construida en la inmediatez virtual, al ser confrontada con la complejidad de la realidad, no puede sostener la promesa del deseo, llevando al fracaso del Yo-céntrico. De modo revelador, según Lipovetsky (2000), se trata de un individuo que vive en el “presente, solo en el presente y no en función de la memoria, el pasado y el futuro; es esa pérdida de continuidad histórica,” esa erosión del sentimiento de pertenencia a una “sucesión de generaciones enraizadas en el pasado y que se prolonga en el futuro”. Es aquí donde se funda el Narciso y se pierde el sentido de pertenencia a la tribu, adoptando la consigna: “donde está lo mío” o “solo me interesa lo que es mío.” El Otro es de un solo uso y, por lo tanto, desechable si no es funcional para los objetivos del Yo Consumo y fluido (Bauman, 1999), un yo cambiante y sin carácter.
Además, esto ocurre a costa de la integridad corporal del Yo y del Otro. El Otro es relegado a un estatus accesorio ante la obstinación del Yo, que se extiende más allá de la precaución. Se fundamenta así un presente inmediato que anula el concepto mínimo de posteridad e invalida las máximas cautelares: "esto puede suceder", "debo analizar", "lo voy a pensar". La acción humana se juega más por impulso o una mera intuición emocional de respuestas inmediatas. Ese Yo, que necesita una interlocución o respuesta inmediata positiva, se percibe imprescindible: el mundo lo necesita y debe ser notificado, aunque se "muera en el intento." El Narciso se edifica en la ficción para sí mismo, subvirtiendo los mecanismos evolutivos de la especie humana orientados a la preservación de la propia progenie y la cooperación a través de un lenguaje flexible y muy elaborado. Este cambio de conducta implica una involución de sentido cognitivo. Harari (2014) señala que la riqueza léxica, crucial para la cooperación y el desarrollo social del Homo Sapiens, se está perdiendo: “Si no podemos hablar de algo, no podemos comprenderlo. Y si no podemos comprenderlo, no podemos corregirlo” (p. 433). Para el Yo Consumo, él mismo es imprescindible y necesario: “si no contesto el otro me mata”; o, puede ser que si no le contestan, están conspirando contra él: “mi novio(a) no me contesta, eso quiere decir, sin lugar a dudas, que está en romances con la otra.” Es una terrible construcción de "miedo" que exige respuesta. La relación de control social se trasvasa del Estado al ser en su propio imaginario y marco mental enajenado al circuito global de las mercancías, asociado a valores morales que se ofertan de modo efímero para ser adoptados por los laboyanos – ciudadanos globales que se configuran "líquidos" (Bauman, 1999) y de "icopor" (una metáfora de la personalidad refractaria, aislada, ligera e indiferente). El Yo Consumo se juega en un imperativo, vive en una escena de la realidad virtual —con el poder aislante del "icopor"—, un Yo posado, indiferente al compromiso y a la relación con una comunidad que traza objetivos comunes: "todo me vale huevo." Es una especie de patología de "autismo blando" donde se superponen una red de apariencias de un ser ahistórico y atemporal. Solo se vislumbra un pantallazo, un flash o un sonoro timbre que actúa como interruptor de control automático para posar en su propia imagen "like": "¡Hola, nene!" (Anotación marginal: es curioso cómo se tiende a determinar al Otro como si fuese un menor de edad).
El Yo Consumo se define como una integral de la personalidad que delega sus múltiples elementos a la ruleta de las mercancías ofertadas y edificadas en las relaciones simbólicas del estatus social, con el dispositivo que configura una nueva relación; la paciencia no cuenta, es la inmediatez dual de inquietudes-preguntas y respuestas. Esto se ha convertido en una hora cero donde el tiempo no cuenta, determinado por la atención inmediata: hemos pasado del Homo Sapiens (el del saber) al Homo Attentionalis. En este contexto, el pensamiento contemplativo, esencial para la experiencia humana, se desvanece, tal como lo describe Han (2014): “Lo contemplativo es lo contrario de lo activo. El exceso de actividad, de hiperactividad, en la que se inscribe la sociedad de la inmediatez, impide toda relación contemplativa con el mundo” (p. 11). Hemos perdido al hombre etnocéntrico, como fuente de autoestima colectiva y singularidad universal, a un hombre "Yo-céntrico", donde solo cuento yo y nada más, homogéneo. No hay mediación cultural, solo imagen, manipulación y mercado del dato posteado. Se perdió el hombre que se referencia en la tribu y la historia con tiempos, reflexivo como medio de trascender cognitivamente en relacionarse y posicionarse con la naturaleza y el universo. Hemos entrado de modo irrevocable a la autopista virtualizante y vertiginosa, donde el ser humano en la incertidumbre, impaciente de información digital a la medida del mercado, sin un vínculo humanista de lo comunitario, es hoy solo ficción de lo que copia, posa o simula, evitando cualquier mayor esfuerzo cognitivo.
Referencias Bibliográficas
Baudrillard, J. (2009). La sociedad de consumo. Siglo XXI.
Baudrillard, J. (2010). La ilusión vital. Siglo XXI.
Bauman, Z. (1999). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Han, B. C. (2014). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
Harari, Y. N. (2014). De animales a dioses: Breve historia de la humanidad. Debate.
Lipovetsky, G. (2000). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama.
NOTA
DE PREPRINT (VERSIÓN 1.0): El siguiente documento es un Borrador de
Trabajo (Working Paper) en fase de desarrollo. Se publica en este
repositorio para asegurar el registro de propiedad intelectual y la
trazabilidad de la idea original (Timestamp). Su contenido es
susceptible de revisiones, ampliaciones y correcciones futuras. Se
prohíbe su cita como documento finalizado sin consultar al autor.
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3. Pito y paranoia: contra los mecánicos en Pitalito
Por: Felipe Narváez G.
Pasé tres días en el inmenso centro urbano de Pitalito, en el sector comprendido entre la calle Tercera Sur y la calle Segunda, gestionando reparaciones para mi auto. La experiencia fue reveladora: descubrí un ecosistema de mecánicos y técnicos que trabajaban de forma cooperativa. Mientras unos ajustaban el motor, otros, a pocos metros, se encargaban de la suspensión. Lo encontré todo.
Sin embargo, lo que definía el ambiente no era el sonido de las herramientas, sino la estridencia incesante de los silbatos de la policía de tránsito, hostigando a los mecánicos en sus espacios de trabajo. Estos talleres, que desbordan la línea entre lo público y lo privado, viven bajo el sonido del pito. La paranoia colectiva era palpable; yo mismo la sentí. Me invadió el temor de que, solo por estar allí, la policía pudiera quitarme el carro, como si recibir el servicio fuera un acto ilegal. La sensación era clara: debía salir rápido de ese lugar. El efecto evidente es el riesgo de espantar a la clientela, que acude desde lugares cercanos y lejanos necesitada del servicio.
Teresa, una amiga de mi madre, reside en ese sector. Su casa, que antes tenía un valor puramente doméstico, está ahora rodeada por la actividad de los talleres y ella suele quejarse del movimiento. En una visita reciente, le comenté: "Teresita, no se queje. Su casa ya no tiene solo valor doméstico, sino un alto valor comercial". El clúster de mecánicos ha valorizado su terreno. Como se dice popularmente en la región, es "pan de cuajada".
Lo que Pitalito ha generado orgánicamente es un fenómeno económico clásico. Este centro de negocios interconectados es exactamente lo que el economista Michael Porter (1998) define como un "clúster" o agrupación: una concentración geográfica de negocios y servicios que comparten rasgos comunes y son complementarios. Según Porter, estos clústeres aumentan la productividad, estimulan la innovación y promueven la creación de nuevas empresas.
Son sitios donde se desarrollan sinergias conjuntas de producción e intercambio de conocimiento, desde mercadeo de repuestos hasta técnicos expertos de toda índole, venidos de toda Colombia para trabajar en este clúster —el técnico que me tejió la cabrilla es de Tumaco; el que forró los asientos, de Bogotá—. Pitalito, por su ubicación estratégica en el sur de Colombia, se ha convertido en un centro neurálgico para la mecánica de motos, carros, buses y camiones. Es un sector súper dinámico que genera empleo, contribuye con impuestos y aporta valor a la economía de servicios local seguramente como ningún otro.
Pese a esta vitalidad económica, a los responsables de la política pública laboyana, tanto de ayer como de hoy, parece obsesionarles la idea de trasladar este espacio vital a otro lado. Lo hacen a sabiendas de que los primeros perdedores serían los mismos dueños de los predios que hoy gozan de ese valor comercial. El abandono de estos lugares podría generar un vacío urbano, facilitando el deterioro y la aparición de "ollas" (zonas de microtráfico). Es un fenómeno de decadencia urbana documentado en otras ciudades tras intervenciones fallidas; basta recordar la trágica transformación del sector de "El Bronx" en Bogotá, que pasó de ser un área comercial a un símbolo de crisis social (Concejo de Bogotá, 2018).
En este sector, donde la dinámica atrae clientes no solo de Pitalito sino de otros departamentos, se recrea el conocimiento, la cooperación y la generación de riqueza, en una danza perfecta de clientes, negocios y técnicos expertos para prestar un servicio. En lugar de hostigar a este sector, la alcaldía y sus instituciones deberían hacer todo lo contrario: diseñar un espacio urbano que facilite e impulse su productividad.
La justificación oficial de la Alcaldía de Pitalito es la "recuperación del espacio público", un eufemismo que se apoya en un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que sueña con calles despejadas y aceras limpias. Es aquí donde emerge la disfunción burocrática, en los términos que describió el sociólogo Robert K. Merton (1957): la norma se impone de modo irracional sobre el servicio público concreto. Ese plan, diseñado en un despacho, es ciego a la realidad. No ve el ecosistema posfordista que describe Giddens (2006), ni el valor comercial del "pan de cuajada" que la misma Teresita ahora posee. La política del pito intenta imponer un orden estéril sobre una economía vibrante que solo pide que la dejen trabajar.
Esta situación revela una desconexión miope que impide encontrar un equilibrio armónico. Los hacedores de política parecen no ubicarse en el contexto de la globalización, que permite la movilidad espacial; estos clústeres son flexibles. Hoy están en Pitalito, mañana podrían no estarlo. Requieren cuidado desde la política pública. Si se van, el espacio que hoy es un sitio rico en trabajo y cooperación empresarial, podría convertirse en la "olla" urbana que tanto temen las autoridades. Irónicamente, la habrían creado ellos mismos.
Referencias
Concejo de Bogotá. (2018, 29 de mayo). Rescate del Bronx, hito del Siglo XXI en Bogotá. https://concejodebogota.gov.co/rescate-del-bronx-hito-del-siglo-xxi-en-bogota/concejo/2018-05-29/132859.php
Giddens, A. (2006). Sociology (5ª ed.). Polity Press.
Merton, R. K. (1957). Social theory and social structure (Rev. ed.). The Free Press.
Porter, M. E. (1998). On competition. Harvard Business School Press.
NOTA DE PREPRINT (VERSIÓN 1.0): El siguiente documento es un Borrador de Trabajo (Working Paper) en fase de desarrollo. Se publica en este repositorio para asegurar el registro de propiedad intelectual y la trazabilidad de la idea original (Timestamp). Su contenido es susceptible de revisiones, ampliaciones y correcciones futuras. Se prohíbe su cita como documento finalizado sin consultar al autor.
PARTE II: DINÁMICAS TERRITORIALES Y RIESGO
4. La Bruja Digital del Laboyos: Cómo un pueblo colombiano se convirtió en el epicentro global de la brujería online -2-
Título del Artículo: La Bruja Digital del Laboyos: Cómo un pueblo colombiano se convirtió en el epicentro global de la brujería online
Title in English: The Digital Witch of Laboyos: How a Colombian Town Became the Global Epicenter of Online Witchcraft
Autor: Luis Felipe Narvaez Galindez
ORCID: https://orcid.org/0009-0008-8080-8021
Afiliación Institucional: Universidad Surcolombiana, Colombia
Correo Electrónico: felipe.narvaez@usco.edu.co
Resumen
Este artículo analiza el surgimiento y la consolidación de Pitalito (Valle de Laboyos, Colombia) como un epicentro transnacional de servicios de brujería digital. A través de un enfoque socio-antropológico, se examina cómo las ansiedades de la "sociedad del riesgo" (Ulrich Beck) y la "modernidad líquida" (Zygmunt Bauman) generan una demanda persistente de soluciones mágicas ante la incertidumbre afectiva y laboral. El estudio describe la praxis del "Call Center Esotérico", un modelo de negocio que adapta rituales tradicionales a la lógica de la "sociedad red" (Manuel Castells), transformando la función social de la brujería en un producto de consumo. Se argumenta que, si bien la estructura simbólica de la magia permanece, su propósito se reconfigura hacia el lucro, alterando su marco ético. Finalmente, se identifican los factores clave del éxito de Pitalito —capital lingüístico, ecosistema técnico-comercial y acervo cultural— y se discute el futuro de esta economía de servicios en la encrucijada entre la innovación económica y la tolerancia social.
Palabras clave: Brujería, magia, antropología, sociología, sociedad red, Pitalito, economía de servicios.
Abstract
This article analyzes the emergence and consolidation of Pitalito (Laboyos Valley, Colombia) as a transnational epicenter for digital witchcraft services. Through a socio-anthropological approach, it examines how the anxieties of the "risk society" (Ulrich Beck) and "liquid modernity" (Zygmunt Bauman) create a persistent demand for magical solutions in the face of emotional and professional uncertainty. The study describes the praxis of the "Esoteric Call Center," a business model that adapts traditional rituals to the logic of the "network society" (Manuel Castells), transforming the social function of witchcraft into a consumer product. It is argued that while the symbolic structure of magic remains, its purpose is reconfigured towards profit, altering its ethical framework. Finally, the key factors for Pitalito's success—linguistic capital, a technical-commercial ecosystem, and cultural heritage—are identified, and the future of this service economy is discussed at the crossroads of economic innovation and social tolerance.
Keywords: Witchcraft, magic, anthropology, sociology, network society, Pitalito, service economy.
Introducción
En las últimas décadas, ha emergido públicamente en el ámbito urbano de Pitalito (Valle de Laboyos) un nuevo oficio que ha captado la atención pública: el brujo. Debido a su notable capacidad económica y a la conformación de grupos organizados, se han consolidado como un sector económico con incidencia en otras áreas locales. Este fenómeno, que articula la práctica mágica con la sociedad de consumo y su convergencia en mercados internacionales, demanda un estudio desde las diversas vertientes de las ciencias sociales para comprenderlo más allá de los prejuicios y estereotipos morales o religiosos. Se propone abordarlo desde una visión de la imaginación sociológica (Mills, 1961), que permite conectar las inquietudes personales de una población posmoderna, llena de incertidumbres y en busca de respuestas por fuera del marco racional, con las grandes transformaciones sociales que le dan forma.
Por lo tanto, este artículo busca responder a la pregunta: ¿cuáles son los orígenes, la evolución espacial y los factores clave (oficio, herramientas, conocimiento) que han permitido a estas prácticas mágicas, denominadas localmente como brujería, insertarse con éxito en una economía globalizada?
Metodología
La presente investigación se basa en un enfoque cualitativo de carácter etnográfico y documental. Se realizaron entrevistas abiertas y semiestructuradas con practicantes del oficio de brujo y personas de su entorno en el Valle de Laboyos. Adicionalmente, se llevó a cabo trabajo de campo mediante observación no participante en el espacio urbano, identificando la ubicación y dinámica de los negocios de medicinas alternativas. Esta observación se extendió a espacios públicos, como los mercados en días festivos, para analizar las prácticas de los "culebreros" y a los medios radiales locales. Finalmente, el análisis se complementa con una revisión documental y bibliográfica de fuentes académicas y periodísticas que abordan el fenómeno de la brujería y su mercantilización.
Texto Completo del Artículo
Mientras el mundo busca certezas en los datos y la tecnología, una de las economías de servicios más singulares del siglo XXI ha florecido en un lugar inesperado: Pitalito, en el corazón del Valle de Laboyos, Colombia. El fenómeno nació en los años 80, cuando los primeros brujos de la región, conocidos como "Los Forcheros", migraron a México. Sin embargo, lo que antes requería un desplazamiento físico, hoy se ha transformado en un imperio digital con alcance transnacional. Este auge no es una simple anécdota, sino la manifestación moderna de una necesidad humana ancestral. Como señalan antropólogos como Conrad Phillip Kottak, la magia o la brujería no es solo un conjunto de rituales; es una técnica para dar sentido al mundo, un sistema que atiende tanto las necesidades cognitivas (explicaciones) como las emocionales. Su función, como observó el célebre antropólogo Bronisław Malinowski en su estudio sobre los isleños de las Trobriand, no es competir con la razón, sino prosperar allí donde el control humano termina y comienza la incertidumbre. La gente recurre a la Brujería no cuando las cosas son seguras, sino cuando se enfrenta al azar, al riesgo y a lo incontrolable.
Si la Brujería es un antídoto para la incertidumbre, nuestra era es su caldo de cultivo perfecto. Vivimos en lo que el sociólogo Ulrich Beck denominó la "sociedad del riesgo", donde la precariedad laboral, la fragilidad de los servicios públicos y la inestabilidad de los afectos son la norma. Esta ansiedad se manifiesta de múltiples formas; por ejemplo, en el campo de la salud mental, donde cada vez más personas consultan servicios sin presentar un trastorno diagnosticable, buscando alivio a problemas de relación o laborales (Gómez Cotta, 2023). En paralelo, las relaciones románticas se han vuelto transitorias, "líquidas", como las describió Zygmunt Bauman; los amores de hoy pueden desvanecerse mañana como si fueran una mercancía. Ante este vacío, el individuo busca un poder —mágico, inexplicable, pero creíble— que le permita anclar lo que parece fugaz y darle un argumento a su existencia. Exige emocionalmente, como una pulsión final, una pócima mágica, un amarre, para que ese amante ido “vuelva de inmediato rendido a tus pies”. En estos contextos, el mercado de los servicios esotéricos no es una excentricidad, sino una demanda creciente e ineludible.
Es precisamente en respuesta a esta demanda que se articula la praxis del brujo laboyano del siglo XXI a través del modelo del “Call Center Esotérico”, cuyo fin principal es la obtención de beneficios de capital. Esta práctica se refiere al uso de técnicas que se perciben como sobrenaturales, incluyendo hechizos y fórmulas que invocan deidades o fuerzas impersonales locales (ej. “¡por los dioses del Pericongo y del Guarapas te vas a sanar!”), junto a trucos y puestas en escena para cautivar al cliente a través de una conserjería mágica digital. El hecho de que esta práctica se adapte a una sociedad de mercado no la deja de definir como magia o brujería. Simplemente, se convierte en una expresión moderna y mercantilizada del mismo fenómeno, donde el mercado agudiza el conflicto interno de la práctica, poniendo el beneficio en contra de su fin tradicional (terapéutico, espiritual o social). El ritual se vuelve mercancía, empaquetando el proceso simbólico como un producto de resultado rápido; el misterio se vuelve marketing, usando el lenguaje de lo sagrado como marca comercial; y la ética se vuelve contrato, reduciendo la relación a los términos de un servicio comercial. Así, aunque la estructura fundamental —el uso de rituales, símbolos y la creencia en una causalidad no empírica— permanece intacta, su propósito social se ve profundamente alterado, vaciado de su significado original para ser rellenado con la lógica del lucro. Es la forma definitiva de la magia en la era del capitalismo.
La verdadera revolución para los brujos del Laboyos llegó con el siglo XXI. Ya no era necesario migrar; el mercado global podía alcanzarse desde una oficina en Pitalito. Gracias a internet, se integraron a la "sociedad red" descrita por Manuel Castells, una economía global donde los flujos de servicios digitales trascienden las fronteras. Este modelo de negocio descentralizado, donde cualquiera con conocimientos digitales y una narrativa persuasiva puede entrar, hace que los monopolios controlados por la fuerza sean ineficaces. Cada día nacen nuevas oficinas físicas, con diseños compartimentados y decorados para una puesta en escena virtual, listas para satisfacer a un mercado infinito de clientes cosmopolitas. Pero, ¿por qué Pitalito se ha consolidado como el epicentro? Varias claves explican su éxito: un español neutro y de diccionario; un ecosistema de talento técnico local; un clúster de negocios formales de medicina natural o alternativa que permea sus conocimientos a los productos esotéricos, negocios ubicados en el centro urbano de Pitalito, en la carrera segunda entre calle séptima y calle octava, cuyo mercado va más allá de lo departamental, hacia el Caquetá y el Putumayo; y una profunda cultura de emprendimiento esotérico construida sobre la historia del territorio, creando una base de narrativas persuasivas listas para ser exportadas.
Hoy, esta industria es un motor económico innegable en el municipio. Genera empleo, atrae ingresos globales y dinamiza sectores colaterales. Sin embargo, este crecimiento no está exento de conflictos nacidos de la competencia. Es crucial, por lo tanto, estudiar este sector en toda su complejidad, libre de prejuicios. Desde que nuestra especie se cohesiona a través de ficciones, como argumenta Yuval Noah Harari, hemos necesitado estos sistemas simbólicos. Desde las ciencias sociales, la tarea es conocer los fines y funciones de esta acción social, más allá de la ética de sus participantes. El futuro de esta economía depende de la tolerancia. Como sostiene Richard Florida, las sociedades que prosperan son aquellas abiertas a lo disruptivo. Pitalito se encuentra en una encrucijada: puede consolidarse como un referente innovador y una fuente legítima de divisas, o puede perder esta oportunidad por ceder ante la intolerancia, viendo cómo sus oficinas esotéricas se trasladan a territorios más incluyentes que vean en ellas una expresión de valor en un mercado global que las demanda incesantemente.
Conclusiones
El estudio concluye que la práctica de la brujería en Pitalito ha transitado exitosamente de un rol tradicional y localizado a una sofisticada industria de servicios digitales con alcance global, articulada a través del modelo del "Call Center Esotérico". Esta transformación responde a la convergencia de una demanda persistente, anclada en las ansiedades de la "sociedad del riesgo" y la "modernidad líquida", con una oferta local única, posibilitada por un ecosistema de factores que incluyen capital lingüístico, talento técnico y un profundo acervo cultural y comercial.
Se confirma que, si bien la estructura simbólica de la magia permanece, la lógica de mercado ha reconfigurado fundamentalmente su función social y su marco ético, desplazándola desde la cohesión comunitaria hacia la satisfacción de un deseo individual de consumo y un servicio que se realiza en la maximización del beneficio. El fenómeno representa un motor económico significativo para la región, y su futuro sostenible no depende de su validación empírica, sino de la capacidad de la sociedad para estudiarlo y tolerarlo como una expresión socioeconómica legítima en un mundo globalizado, en una demanda de mercado de un ciudadano cognitivamente perceptivo en la incertidumbre. La comprensión de este sector, por tanto, exige una perspectiva sociológica que trascienda el juicio moral para analizar sus verdaderas funciones y significados en la contemporaneidad.
Conflicto de Intereses
El autor declara no tener conflicto de intereses.
Contribución de Autoría
Luis Felipe Narvaez Galíndez: conceptualización, análisis formal y de documentación, realización de entrevistas y trabajo de campo urbano, escritura (borrador original, revisión y edición). Alberto Moreno Gaitán: Revisión del documento final. El autor Luis Felipe Narvaez Galíndez ha leído y aceptado la versión final del manuscrito.
Referencias
Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Bauman, Z. (2003). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.
Beck, U. (1986). La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad. Ediciones Paidós.
Castells, M. (1998). La era de la información: Economía, sociedad y cultura (Vols. 1-3). Alianza Editorial.
Florida, R. (2002). The Rise of the Creative Class. Basic Books.
Gómez Cotta, C. (2023, 2 de mayo). La psicopatologización de la sociedad. Ethic. https://ethic.es/psicopatologizacion-sociedad-emociones-medicamentos
Harari, Y. N. (2014). Sapiens: De animales a dioses. Debate.
Kottak, C. P. (2011). Antropología cultural. McGraw-Hill.
Malinowski, B. (1948). Magia, Ciencia y Religión. Ariel.
Mills, C. W. (1961). La imaginación sociológica. Fondo de Cultura Económica.
NOTA
DE PREPRINT (VERSIÓN 1.0): El siguiente documento es un Borrador de
Trabajo (Working Paper) en fase de desarrollo. Se publica en este
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5.- O en la Cárcel o en el Cementerio": Anatomía de una Política Fallida
Por: Felipe Narváez G.
Docente, Universidad Surcolombiana
Resumen
El presente análisis aborda la crisis de delincuencia de calle en Pitalito, Huila, desde una perspectiva sociopolítica. Se argumenta que la violencia extrema contemporánea es el síntoma de un abandono estatal histórico derivado de modelos neoliberales y la cooptación del Estado. A través de un análisis del discurso de las autoridades locales y el contraste con modelos internacionales, se examina el riesgo de normalizar dinámicas de genocidio tácito y políticas de "final de cañería" que ignoran las causas estructurales de la criminalidad.
Para comprender la delincuencia callejera y su violencia extrema que hoy azotan a Pitalito y otras ciudades de Colombia, es crucial establecer una distinción fundamental: el crimen organizado transnacional opera bajo lógicas distintas a la delincuencia de calle —esa violencia visceral que asedia el cotidiano—. Ignorar las causas profundas de esta última condena a la administración pública a proponer soluciones bárbaras para problemas de alta complejidad.
Como articuló recientemente el presidente salvadoreño Nayib Bukele en su discurso ante la ONU: "Hay cárceles hoy porque el Estado abandonó a los jóvenes en el pasado". Esta premisa trasciende con una fuerza particular en el contexto colombiano, donde la crisis actual se manifiesta como el resultado de un abandono histórico. Este vacío estatal es la consecuencia directa de un modelo neoliberal que ha facilitado lo que Garay et al. (2008) definen como la "reconfiguración cooptada del Estado", donde élites capturan el presupuesto público, provocando una ineficiencia crónica en la asignación equitativa de recursos. La negligencia acumulada ha generado una bomba de tiempo social cuyas esquirlas —delincuencia, heridos y muertos— son sufridas por la ciudadanía en general.
Los indicadores de este modelo son medibles. Colombia se caracteriza por ser:
Desigual: Posee uno de los niveles de desigualdad de ingresos más críticos del mundo. Según el Banco Mundial (2024), el coeficiente de Gini se situó en 0.548, posicionando al país como uno de los más desiguales de la región.
Excluyente: La estructura socioeconómica crea barreras infranqueables que impiden que millones de ciudadanos superen su condición de vulnerabilidad.
Empobrecido: Datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística [DANE] (2024) indican que la pobreza monetaria afecta al 36.6% de la población (más de 18 millones de personas). Esta precariedad es el caldo de cultivo donde germina la delincuencia, correlacionada directamente con la carencia de oportunidades.
Frente a este panorama, la respuesta social se ha tornado peligrosamente simplista. Mientras en El Salvador se implementan megacárceles dentro de una estrategia multidimensional, en Colombia emerge un clamor por el exterminio del delincuente común. El auge de la "paloterapia" y los linchamientos roza lo que Giddens (2010) describe como genocidio: la aniquilación sistemática de un grupo de población por otro. Al normalizar el asesinato de líderes sociales, la sociedad se arriesga a legitimar un genocidio tácito contra una juventud lumpenizada y precarizada.
Este fenómeno se nutre del declive de la justicia formal. El Estado parece delegar el castigo en organizaciones al margen de la ley o en la justicia por mano propia. El ciudadano, víctima del drama diario, deja de exigir soluciones institucionales para ejercerlas de manera extralegal. Esta reacción es lo que Subirats (1989) denomina políticas de "final de cañería": medidas reactivas que actúan sobre las consecuencias y no sobre el origen del problema.
Esta lógica se refleja en el discurso reciente del alcalde de Pitalito, Yider Luna. Sus declaraciones, al plantear la elección entre "o en la cárcel o en el cementerio", sugieren una dicotomía que deja poco espacio a matices. La instrucción a las fuerzas del orden para "apretar el gatillo" prioriza la confrontación directa. Aunque el modelo de Bukele se asocia a la "mano dura", este incluye programas de intervención social como los centros CUBOS. El discurso local, en cambio, parece distanciarse de este enfoque multifactorial para centrarse en el castigo final. Si bien la reforma judicial escapa a las competencias municipales, es fundamental señalar que este "atolladero delincuencial" es el resultado de élites que han gobernado para sí mismas, olvidando al tejido social.
En conclusión, la violencia en Pitalito no es solo un problema de individuos criminales, sino el síntoma de una sociedad rota. Mientras la política pública se limite a aplicar medidas superficiales en heridas estructurales, la hemorragia social no se detendrá.
Referencias Bibliográficas
Banco Mundial. (2024). Índice de Gini - Colombia. Datos de Libre Acceso del Banco Mundial. https://datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.GINI?locations=CO
Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). (2024). Pobreza monetaria en Colombia: Resultados 2023. Boletín Técnico. https://www.dane.gov.co/
Garay, L. J., Salcedo-Albarán, E., De León-Beltrán, I., & Guerrero, B. (2008). La captura y reconfiguración cooptada del Estado en Colombia. Editorial Avina.
Giddens, A. (2010). Sociología (6.ª ed.). Alianza Editorial.
Subirats, J. (1989). Análisis de políticas públicas y eficacia de la administración. Ministerio para las Administraciones Públicas.
NOTA
DE PREPRINT (VERSIÓN 1.0): El siguiente documento es un Borrador de
Trabajo (Working Paper) en fase de desarrollo. Se publica en este
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6.- La Bomba de Tiempo Silenciosa
Por: Felipe Narváez G.
Referencias Bibliográficas
Caracol Televisión. (2019, 30 de septiembre). ¡Este 14 de octubre llega a Caracol Televisión 'El Sendero de la Anaconda'! CaracolTV. https://www.caracoltv.com/el-sendero-de-la-anaconda/este-14-de-octubre-llega-a-caracol-television-el-sendero-de-la-anaconda
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